Memoria de
la Bacteriología Clínica Venezuela: un transitar en el Hospital Vargas de
Caracas
“Dedicado a los diferentes
egresados
de los programas académicos
en Bacteriología Clínica
en el Hospital Vargas de Caracas”
La evolución científica, de estas memorias trazan el recorrido de la
bacteriología clínica en Venezuela, un camino que transita desde la intuición
empírica hasta la precisión genómica contemporánea, teniendo como epicentro el
emblemático Hospital Vargas de Caracas. La historia de la bacteriología en
Venezuela es, en esencia, la historia de su resiliencia. Desde la creación de
la primera catedra de bacteriología fundada por San Dr José Gregorio Hernández
y las primeras láminas coloreadas por Rangel hasta las actuales preocupaciones
por la resistencia antimicrobiana global; el Hospital Vargas ha sido el testigo
silente de nuestra batalla contra lo invisible. Esta área del conocimiento nos
enseña que el diagnóstico bacteriológico no es un mero reporte de laboratorio,
sino un acto de soberanía sanitaria y una disciplina que exige una
actualización constante ante la evolución acelerada de sus protagonistas: las
bacterias.
Los Albores de la Invisibilidad
A finales del siglo XIX, Venezuela se encontraba en una encrucijada
entre el oscurantismo médico y la modernidad europea. La bacteriología clínica
no existía como disciplina autónoma; sin embargo, el pensamiento científico
comenzaba a germinar. Por consiguiente, la llegada de los primeros microscopios
y la influencia de la escuela francesa marcaron un hito.
En este contexto, el Dr. José Gregorio Hernández, tras su formación en
París, introdujo formalmente los estudios de histología y bacteriología en la
Universidad Central de Venezuela. Según lo expuesto por la Academia Nacional de
Medicina, el Dr. Hernández "estableció los cimientos de la medicina
experimental en el país" (Sociedad Venezolana de Microbiología, 2021). Su
labor permitió que los microorganismos dejaran de ser entidades teóricas para
convertirse en agentes tangibles bajo el lente.
Posteriormente, la narrativa se traslada al Hospital Vargas de Caracas,
fundado en 1891. Es aquí donde la bacteriología clínica venezolana adquiere su
"partida de nacimiento" con la figura de Rafael Rangel. El Vargas no
solo era un hospital; era el laboratorio del país. Rangel, como director del
Laboratorio del Hospital Vargas, se enfrentó a los grandes enigmas sanitarios
de la época. En efecto, su trabajo fue determinante para identificar el Trypanosoma
evansi en la "peste boba" de los caballos y, fundamentalmente,
para el diagnóstico de la peste bubónica en La Guaira en 1908. El Hospital
Vargas se consolidó, así como el primer centro de referencia bacteriológica,
donde la ciencia se puso al servicio de la supervivencia nacional. En tal
sentido, se consolida para esa época la mirada de Rafael Rangel y el Templo de
San José, ubicación del prestigioso Hospital Vargas de Caracas.
Con el paso de las décadas, la bacteriología se fragmentó en
subespecialidades. Durante mediados del siglo XX, el Hospital Vargas fue testigo
del surgimiento de bacteriólogos de la talla de los doctores José Antonio
O'Daly y Alberto Gutiérrez Alfaro. Mediante el uso de nuevas técnicas de
cultivo y la introducción de los antibióticos, el laboratorio del Vargas dejó
de ser un espacio de investigación puro, para convertirse en una herramienta
diagnóstica esencial. Se aislaron por primera vez en el país cepas de bacterias
como Mima polymorpha (hoy Acinetobacter) y se establecieron
protocolos de sensibilidad que salvaron miles de vidas. Tal como indica el
registro histórico; el Hospital Vargas funcionó como la "cuna de la
microbiología clínica organizada en Venezuela" (SciELO, 2008).
En la narrativa histórica anterior se priorizó el origen y la evolución
cronológica de la disciplina. No obstante, es pertinente y necesario ampliar
estas memorias para incluir los pilares contemporáneos que sustentan la
formación de relevo en el Hospital Vargas de Caracas, reconociendo que la
bacteriología no solo es el pasado, sino un proceso educativo e institucional
vibrante y activo.
La Bacteriología en el Hospital Vargas
La bacteriología en el Hospital Vargas enfrenta un escenario dual: la
persistencia de su legado histórico frente a los desafíos de la modernidad. A
pesar de las limitaciones presupuestarias, los profesionales del centro
mantienen una vigilancia activa sobre patógenos multirresistentes. Hoy en día,
el servicio de microbiología del Vargas se enfoca en la identificación de
bacterias del grupo ESKAPE (Enterococcus faecium, Staphylococcus
aureus, Klebsiella pneumoniae, Acinetobacter baumannii, Pseudomonas
aeruginosa y Enterobacter species). Los bacteriólogos actuales
actúan como centinelas, utilizando desde métodos manuales tradicionales hasta
esfuerzos por integrar automatización y epidemiología molecular para contener
brotes intrahospitalarios.
Procesos que ha transitado en generaciones, y que se asume en estas
memorias, entre tubos de ensayo y placas de Petri, sosteniendo el rigor científico
en el Hospital Vargas, no son solo de forma técnica, sino clínicas de
microcosmos bacteriano, representadas por Rafael
Rangel; el precursor, cuya mística de trabajo en el laboratorio del
Vargas sigue siendo el estándar ético; Dr.
Alberto Gutiérrez Alfaro: Quien entre 1947 y 1959 impulsó la sección de
microbiología, elevando el nivel de aislamiento bacteriano a estándares
internacionales y actualmente las Generaciones
Contemporáneas, aquellos bioanalistas y microbiólogos que, continúan
realizando antibiogramas e interpretando resistencias bajo la sombra de los
mismos pasillos centenarios, adaptándose a la escasez con ingenio científico.
Los
Guardianes de la Cátedra y la Praxis
A lo largo de la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI, el
Hospital Vargas ha servido como aula magna permanente. En este recinto, la
docencia no se ha limitado a la entrega de teoría, sino que se ha forjado en la
interpretación de cultivos a la luz del contexto clínico del paciente.
A partir de la década de 1970, la bacteriología en el Hospital Vargas
experimentó una transición hacia la especialización. En este periodo, la Lic. Hilda Marfil de Tortolero se
erigió como una figura central. Su dedicación absoluta al laboratorio de
bacteriología del cual fue parte desde 1977, no solo permitió el aislamiento de
patógenos complejos, sino que la convirtió en una "maestra de
maestros" en el área de resistencia bacteriana. Según los registros
históricos de la Unidad de Microbiología, la Lic. Marfil fue pionera en la
implementación de protocolos de vigilancia que darían pie a redes nacionales
(Cazadores de Microbios, 2024).
Paralelamente, el Lic. Isidro
González Rondón aportó una visión humanista, social y científica
inigualable. Dedicó más de tres décadas al hospital, especializándose en áreas
entonces emergentes como la investigación de bacterias anaerobias, Chlamydia
y Mycoplasma. Su legado trasciende lo técnico, pues fue el coordinador
fundamental del primer Curso de Perfeccionamiento en Bacteriología Clínica en
1894, sembrando la semilla de lo que hoy los estudios de post grado
universitarios.
Por su parte, la Lic. Eugenia
Bellorín representó la excelencia en el diagnóstico de micobacterias. Su
formación especializada en el Ministerio de Sanidad y su posterior labor en el
Vargas permitieron fortalecer el programa de tuberculosis y otras patologías
crónicas, aportando un rigor metodológico que garantizó la fiabilidad
diagnóstica en momentos de alta demanda epidemiológica.
En este sentido, la labor de la Lic.
Hilda Marfil de Tortolero destaca como una de las piedras angulares en
la formación de bioanalistas. Su enfoque en la precisión del diagnóstico
bacteriológico y su entrega a la enseñanza en el laboratorio clínico del Vargas
sentaron precedentes de excelencia. Bajo su tutela, generaciones de estudiantes
comprendieron que "el reporte del bacteriólogo es la brújula del
infectólogo" (Sociedad Venezolana de Microbiología, 2019).
Posteriormente, el Lic. Isidro
González y la Lic. Eugenia
Bellorín se consolidaron como figuras indispensables en la preservación
del rigor metodológico. El Lic. González, con su vasta experiencia, fue un
pilar en la organización del laboratorio y en la formación técnica avanzada,
mientras que la Lic. Bellorín aportó una visión crítica y actualizada,
fundamental para la transición hacia métodos de identificación más rigurosos
durante las últimas décadas del siglo pasado.
La bacteriología moderna en el Vargas no podría entenderse sin la
sinergia entre el laboratorio y la consulta. En este punto, la figura del Dr. Manuel Guzmán Blanco es
trascendental. Como médico infectólogo y docente, el Dr. Guzmán Blanco ha sido
un puente entre el aislamiento bacteriano y el tratamiento antibiótico
racional. Su liderazgo en el estudio de la resistencia bacteriana en Venezuela
ha permitido que el Hospital Vargas se mantenga como un centro de referencia en
vigilancia epidemiológica a nivel nacional e internacional.
La
Modernidad y el Liderazgo en Red en la bacteriología clínica
La transición hacia el siglo XXI trajo consigo
el reto de la multirresistencia bacteriana global. En este escenario, el Dr. Manuel Guzmán Blanco ha sido el
arquitecto de la vigilancia epidemiológica moderna en Venezuela. Fundador del
Programa Venezolano de Vigilancia de la Resistencia a los Antimicrobianos
(PROVENRA), el Dr. Guzmán Blanco integró al Hospital Vargas en una red de
inteligencia sanitaria que permite, hasta hoy, mapear el comportamiento de
bacterias como Staphylococcus aureus resistente a meticilina (MRSA) y
enterobacterias productoras de carbapenemasas (Academia Nacional de Medicina,
2021).
El impacto del Dr. Manuel Guzmán Blanco ha sido determinante para situar al
Hospital Vargas en el mapa de la infectología global. Su liderazgo permitió la
creación de consensos nacionales sobre el tratamiento de infecciones por cocos
grampositivos y bacilos gramnegativos multirresistentes. Mediante la
integración de los datos del laboratorio con la terapéutica a pie de cama, el
Dr. Guzmán Blanco demostró que "la bacteriología clínica es la piedra
angular para el uso racional de los antimicrobianos" (Sociedad Venezolana
de Infectología, 2022). Su legado docente ha permitido que el hospital sea un
núcleo del Programa Venezolano de Vigilancia de la Resistencia a los
Antimicrobianos (PROVENRA) y su enfoque docente ha formado a clínicos que
entienden la microbiología no como un proceso ajeno, sino como el eje central
de la seguridad del paciente
Al observar los nombres de Marfil de Tortolero, González, Bellorín, Guzmán
Blanco, se hace evidente que la bacteriología en el Hospital Vargas es una
carrera de relevos. La docencia en este hospital no es una actividad accesoria;
es el mecanismo de defensa de la institución. Estos precursores y líderes han
demostrado que, a pesar de las fluctuaciones socioeconómicas, el capital humano
y la formación técnica especializada son los únicos activos capaces de
enfrentar el desafío de las enfermedades infecciosas en Venezuela.
La bacteriología clínica en el Hospital Vargas no solo ha evolucionado
en sus técnicas, sino también en su capacidad de respuesta frente a la crisis
global de la resistencia antimicrobiana (RAM). Este avance ha sido posible
gracias a una cadena en red sistémica ininterrumpida de mentores que
transformaron el laboratorio en un centro de inteligencia epidemiológica.
Durante la transición hacia la modernidad técnica, se establecieron los
pilares de la estandarización, se forjo la integración de la investigación en resistencia
bacteriana dentro de la rutina asistencial, permitiendo que el hospital se
incorporara tempranamente a redes de vigilancia, asegurando que cada
antibiograma realizado bajo su supervisión fuera un dato fidedigno para la toma
de decisiones clínicas. Además, se institucionalizo el rigor en la formación
técnica-científica, garantizando que el personal del Vargas dominara el método Kirby-Bauer (método de difusión en agar) con una precisión académica incuestionable.
La academia
de la bacteriología clínica en el Hospital en el Hospital Vargas de Caracas
A fin de otorgar el rigor histórico y justicia académica que esta
crónica merece, es imperativo integrar los nombres de quienes actualmente son
los arquitectos de la docencia microbiológica en el Hospital Vargas de Caracas.
Estos nombres no solo representan trayectorias individuales, sino que
constituyen el tejido pedagógico que ha permitido la transición del
conocimiento desde la bacteriología clásica del siglo XX hacia la complejidad
diagnóstica del siglo XXI.
Esta memoria histórica no alcanzaría su plenitud académica, sin el
reconocimiento de los pilares docentes y asistenciales que han transformado la
bacteriología del Hospital Vargas en una escuela de pensamiento crítico y
resistencia científica. La bacteriología en el Hospital Vargas ha trascendido
la mera identificación fenotípica para convertirse en una disciplina de vigilancia epidemiológica y estratégica.
Este cambio de paradigma ha sido impulsado por una línea sucesoria de
académicos que entendieron la microbiología como el eje transversal de la
seguridad del paciente y la salud pública nacional.
La mención de estos nombres no es solo un ejercicio de memoria, sino la
descripción de una estructura de resistencia. La creación de protocolos de
sensibilidad locales en el Hospital Vargas, liderados por estas figuras,
constituye un acto de soberanía científica. Estos especialistas han demostrado
que, mediante la docencia técnica y el liderazgo clínico, es posible mantener
una bacteriología de primer nivel incluso en contextos de recursos limitados.
En la actualidad, la Especialista Doryanna Correa, el Especialista Gregory León y el Dr. José Luis Rodríguez V,
representan la resiliencia de la academia. La Especialista Correa, a través de
su liderazgo en la coordinación académica del programa de postgrado, ha
mantenido viva la llama de la especialización en momentos de alta complejidad
técnica y económica. Su gestión en la Residencia Universitaria y posterior PNFA en Bacteriología Clínica asegura
que los nuevos especialistas no solo aprendan a identificar patógenos, sino a
gestionar programas de optimización de antimicrobianos (PROA).
De igual manera, el Dr. José Luis Rodríguez ha
sido el constructor de la formalización de este programa avanzado, permitiendo
que el Hospital Vargas sea hoy un centro formación y donde se generan datos sobre betalactamasas de
espectro extendido (BLEE) y carbapenemasas, manteniendo la vigilancia activa. Como
coordinador y docente, ha sido pieza clave en la articulación de programas que
vinculan la asistencia hospitalaria con el rigor académico universitario, apoyado
por el Especialista Gregory León y sus ensayos de verificación de nuevos
métodos antimicrobianos.
Siguiendo las líneas de sus antecesores antes citados,
han establecidos estándares que hoy definen al laboratorio del Vargas, no solo
priorizando la precisión técnica, sino el fomentó de una cultura de
conocimiento e investigación clínica en la formación de nuevas generaciones de relevos
de manera de garantizar que el bacteriólogo clínico egresado del Vargas posea una
capacidad analítica para la interpretación de mecanismos de resistencia
bacteriana complejos. La figura de estos docentes, actualmente son el nexo o
vinculo vital entre la tradición y el futuro. Su gestión y dirección, en el
servicio de bacteriología del Vargas no solo lo enfoca a realizar diagnósticos,
sino que forma a los especialistas que el país requiere para enfrentar las
amenazas biológicas contemporáneas.
En tal sentido, resulta imperativo destacar
que la bacteriología clínica en el Hospital Vargas no solo se define por sus
hallazgos, sino por la transferencia sistemática del conocimiento. En este
ámbito, la figura de los docentes emerge como un referente fundamental en la
gestión y formación de especialistas.
Por consiguiente, los estudios de post grado universitario en Bacteriología Clínica
representan el eslabón que garantiza la continuidad del legado de San Dr José
Gregorio Hernández y Rangel. Esta formación permite que el profesional de las
ciencias de la salud (específicamente bioanalistas) se sumerja en la casuística
única del Hospital Vargas, enfrentando la realidad epidemiológica nacional bajo
una tutoría académica de alto nivel, el cual buscan formar especialistas con
pensamiento crítico ante la resistencia bacteriana.
Es por ello que, en el marco de la
transformación universitaria y la democratización del saber especializado, el Programa Nacional de Formación Avanzada
(PNFA) en Bacteriología Clínica adscrito a la Universidad de las Ciencias de
salud (Hugo Chávez Frías) se ha consolidado como la respuesta
institucional a las demandas actuales del sistema público de salud. Actualmente
activo, este programa tiene su sede de praxis en el centro de referencia
Hospital Vargas de Caracas. Mediante el PNFA, se ha logrado:
- Integración
Teórico-Práctica: El abordaje de infecciones
intrahospitalarias y el uso de técnicas de diagnóstico convencional y
avanzado.
- Investigación
Aplicada: El desarrollo de proyectos que buscan
solucionar problemas específicos de la red hospitalaria venezolana.
- Resiliencia
Profesional: La formación de bacteriólogos capaces de
optimizar recursos en contextos de vulnerabilidad, manteniendo la
sensibilidad y especificidad diagnóstica.
De acuerdo con las directrices del Ministerio del Poder Popular para la
Salud, el PNFA representa "la soberanía en la formación de talento humano
para la vigilancia epidemiológica y el control de enfermedades
infecciosas" (MPPS, 2023).
La
Vanguardia y Resiliencia en el Siglo XXI en bacteriología clínica y el Hospital
Vargas de Caracas:
El siglo XXI y la bacteriología Clínica, representan el reto para los Docentes-Especialista Doryanna Correa, Especialista
Gregory León y el Dr. José Luis
Rodríguez, los cuales personifican la continuidad académica en
tiempos de transformación. La Especialista Correa, a través de su gestión
académica en el PNFA en Bacteriología
Clínica, ha logrado mantener la mística de trabajo y el rigor científico
a pesar de las fluctuaciones presupuestarias. Su enfoque en la formación de
especialistas integrales asegura que el egresado no sea solo un técnico de
laboratorio, sino un gestor de salud pública.
Por su parte, el Dr. José Luis Rodríguez ha sido fundamental en la
consolidación del PNFA, permitiendo que el Hospital Vargas siga siendo el
principal centro de formación de postgrado en el área. Según los registros este
programa activo representa la mayor fortaleza del sistema sanitario para el
control de brotes intrahospitalarios. La sinergia entre estos líderes ha
permitido que, en el 2026, el Vargas continúe reportando patrones de
susceptibilidad antimicrobiana, honrando así la herencia de Rafael Rangel.
Al integrar la labor y la vigencia de los programas del PNFA, la
reflexión final se transforma. La bacteriología clínica en el Hospital Vargas
no es un museo de logros antiguos; es un ecosistema de enseñanza. La verdadera ciencia no reside solo en el
aislamiento de una bacteria, sino en la capacidad de perpetuar el método
científico a través de la educación. El hecho de que este programa sigan activo
en el 2026 es testimonio de una voluntad académica que se niega a claudicar
ante las adversidades, asegurando que el "Templo de San José" siga
iluminando el camino de la microbiología nacional.
Como colofón a estas memorias, es imperativo redactar este epílogo que
sintetiza el impacto de los precursores y líderes actuales en la configuración
de la resistencia bacteriana como objeto de estudio
y control en el Hospital Vargas de Caracas:
La Trascendencia de la Escuela de Bacteriología del Hospital Vargas.
La bacteriología en el Hospital Vargas es, en
última instancia, una escuela de pensamiento que se convierte en
una impronta. Los nombres aquí citados han logrado que, a pesar de los desafíos del siglo
XXI, el diagnóstico bacteriológico en Venezuela conserve un estándar de calidad
científica que honra el legado de San José Gregorio Hernández y Rafael Rangel.
La formación de especialistas a través del PNFA y la Residencia Universitaria
en su momento, no es solo un proceso académico; es un acto de resistencia científica que garantiza que, ante la
evolución constante de los microorganismos, siempre exista un profesional del
Vargas capacitado para descifrar su código y proteger la vida.
La historia de la bacteriología en el Hospital Vargas de Caracas nos
enseña que el conocimiento científico es un patrimonio vivo. Desde las primeras
coloraciones de Rangel hasta los estudios moleculares y epidemiológicos liderados
por Guzmán Blanco, González, Marfil de Tortolero, Bellorin y actualmente por
Rodríguez V, Correa y León; sus objetivos han sido los mismo: descifrar lo invisible para salvar lo
tangible. La permanencia de la Residencia Universitaria y actualmente el
PNFA, es el testimonio de una academia que resiste y evoluciona, reafirmando
que la excelencia en la bacteriología no
es un destino, sino un ejercicio diario de ética y soberanía científica.
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