viernes, 3 de abril de 2026

 

Memoria de la Bacteriología Clínica Venezuela: un transitar en el Hospital Vargas de Caracas

“Dedicado a los diferentes egresados

 de los programas académicos

 en Bacteriología Clínica

 en el Hospital Vargas de Caracas”

 

La evolución científica, de estas memorias trazan el recorrido de la bacteriología clínica en Venezuela, un camino que transita desde la intuición empírica hasta la precisión genómica contemporánea, teniendo como epicentro el emblemático Hospital Vargas de Caracas. La historia de la bacteriología en Venezuela es, en esencia, la historia de su resiliencia. Desde la creación de la primera catedra de bacteriología fundada por San Dr José Gregorio Hernández y las primeras láminas coloreadas por Rangel hasta las actuales preocupaciones por la resistencia antimicrobiana global; el Hospital Vargas ha sido el testigo silente de nuestra batalla contra lo invisible. Esta área del conocimiento nos enseña que el diagnóstico bacteriológico no es un mero reporte de laboratorio, sino un acto de soberanía sanitaria y una disciplina que exige una actualización constante ante la evolución acelerada de sus protagonistas: las bacterias.

Los Albores de la Invisibilidad

A finales del siglo XIX, Venezuela se encontraba en una encrucijada entre el oscurantismo médico y la modernidad europea. La bacteriología clínica no existía como disciplina autónoma; sin embargo, el pensamiento científico comenzaba a germinar. Por consiguiente, la llegada de los primeros microscopios y la influencia de la escuela francesa marcaron un hito.

En este contexto, el Dr. José Gregorio Hernández, tras su formación en París, introdujo formalmente los estudios de histología y bacteriología en la Universidad Central de Venezuela. Según lo expuesto por la Academia Nacional de Medicina, el Dr. Hernández "estableció los cimientos de la medicina experimental en el país" (Sociedad Venezolana de Microbiología, 2021). Su labor permitió que los microorganismos dejaran de ser entidades teóricas para convertirse en agentes tangibles bajo el lente.

Posteriormente, la narrativa se traslada al Hospital Vargas de Caracas, fundado en 1891. Es aquí donde la bacteriología clínica venezolana adquiere su "partida de nacimiento" con la figura de Rafael Rangel. El Vargas no solo era un hospital; era el laboratorio del país. Rangel, como director del Laboratorio del Hospital Vargas, se enfrentó a los grandes enigmas sanitarios de la época. En efecto, su trabajo fue determinante para identificar el Trypanosoma evansi en la "peste boba" de los caballos y, fundamentalmente, para el diagnóstico de la peste bubónica en La Guaira en 1908. El Hospital Vargas se consolidó, así como el primer centro de referencia bacteriológica, donde la ciencia se puso al servicio de la supervivencia nacional. En tal sentido, se consolida para esa época la mirada de Rafael Rangel y el Templo de San José, ubicación del prestigioso Hospital Vargas de Caracas.

Con el paso de las décadas, la bacteriología se fragmentó en subespecialidades. Durante mediados del siglo XX, el Hospital Vargas fue testigo del surgimiento de bacteriólogos de la talla de los doctores José Antonio O'Daly y Alberto Gutiérrez Alfaro. Mediante el uso de nuevas técnicas de cultivo y la introducción de los antibióticos, el laboratorio del Vargas dejó de ser un espacio de investigación puro, para convertirse en una herramienta diagnóstica esencial. Se aislaron por primera vez en el país cepas de bacterias como Mima polymorpha (hoy Acinetobacter) y se establecieron protocolos de sensibilidad que salvaron miles de vidas. Tal como indica el registro histórico; el Hospital Vargas funcionó como la "cuna de la microbiología clínica organizada en Venezuela" (SciELO, 2008).

En la narrativa histórica anterior se priorizó el origen y la evolución cronológica de la disciplina. No obstante, es pertinente y necesario ampliar estas memorias para incluir los pilares contemporáneos que sustentan la formación de relevo en el Hospital Vargas de Caracas, reconociendo que la bacteriología no solo es el pasado, sino un proceso educativo e institucional vibrante y activo.

 La Bacteriología en el Hospital Vargas

La bacteriología en el Hospital Vargas enfrenta un escenario dual: la persistencia de su legado histórico frente a los desafíos de la modernidad. A pesar de las limitaciones presupuestarias, los profesionales del centro mantienen una vigilancia activa sobre patógenos multirresistentes. Hoy en día, el servicio de microbiología del Vargas se enfoca en la identificación de bacterias del grupo ESKAPE (Enterococcus faecium, Staphylococcus aureus, Klebsiella pneumoniae, Acinetobacter baumannii, Pseudomonas aeruginosa y Enterobacter species). Los bacteriólogos actuales actúan como centinelas, utilizando desde métodos manuales tradicionales hasta esfuerzos por integrar automatización y epidemiología molecular para contener brotes intrahospitalarios.

Procesos que ha transitado en generaciones, y que se asume en estas memorias, entre tubos de ensayo y placas de Petri, sosteniendo el rigor científico en el Hospital Vargas, no son solo de forma técnica, sino clínicas de microcosmos bacteriano, representadas por  Rafael Rangel; el precursor, cuya mística de trabajo en el laboratorio del Vargas sigue siendo el estándar ético; Dr. Alberto Gutiérrez Alfaro: Quien entre 1947 y 1959 impulsó la sección de microbiología, elevando el nivel de aislamiento bacteriano a estándares internacionales y actualmente las Generaciones Contemporáneas, aquellos bioanalistas y microbiólogos que, continúan realizando antibiogramas e interpretando resistencias bajo la sombra de los mismos pasillos centenarios, adaptándose a la escasez con ingenio científico.

Los Guardianes de la Cátedra y la Praxis

A lo largo de la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI, el Hospital Vargas ha servido como aula magna permanente. En este recinto, la docencia no se ha limitado a la entrega de teoría, sino que se ha forjado en la interpretación de cultivos a la luz del contexto clínico del paciente.

A partir de la década de 1970, la bacteriología en el Hospital Vargas experimentó una transición hacia la especialización. En este periodo, la Lic. Hilda Marfil de Tortolero se erigió como una figura central. Su dedicación absoluta al laboratorio de bacteriología del cual fue parte desde 1977, no solo permitió el aislamiento de patógenos complejos, sino que la convirtió en una "maestra de maestros" en el área de resistencia bacteriana. Según los registros históricos de la Unidad de Microbiología, la Lic. Marfil fue pionera en la implementación de protocolos de vigilancia que darían pie a redes nacionales (Cazadores de Microbios, 2024).

Paralelamente, el Lic. Isidro González Rondón aportó una visión humanista, social y científica inigualable. Dedicó más de tres décadas al hospital, especializándose en áreas entonces emergentes como la investigación de bacterias anaerobias, Chlamydia y Mycoplasma. Su legado trasciende lo técnico, pues fue el coordinador fundamental del primer Curso de Perfeccionamiento en Bacteriología Clínica en 1894, sembrando la semilla de lo que hoy los estudios de post grado universitarios.

Por su parte, la Lic. Eugenia Bellorín representó la excelencia en el diagnóstico de micobacterias. Su formación especializada en el Ministerio de Sanidad y su posterior labor en el Vargas permitieron fortalecer el programa de tuberculosis y otras patologías crónicas, aportando un rigor metodológico que garantizó la fiabilidad diagnóstica en momentos de alta demanda epidemiológica.

En este sentido, la labor de la Lic. Hilda Marfil de Tortolero destaca como una de las piedras angulares en la formación de bioanalistas. Su enfoque en la precisión del diagnóstico bacteriológico y su entrega a la enseñanza en el laboratorio clínico del Vargas sentaron precedentes de excelencia. Bajo su tutela, generaciones de estudiantes comprendieron que "el reporte del bacteriólogo es la brújula del infectólogo" (Sociedad Venezolana de Microbiología, 2019).

Posteriormente, el Lic. Isidro González y la Lic. Eugenia Bellorín se consolidaron como figuras indispensables en la preservación del rigor metodológico. El Lic. González, con su vasta experiencia, fue un pilar en la organización del laboratorio y en la formación técnica avanzada, mientras que la Lic. Bellorín aportó una visión crítica y actualizada, fundamental para la transición hacia métodos de identificación más rigurosos durante las últimas décadas del siglo pasado.

La bacteriología moderna en el Vargas no podría entenderse sin la sinergia entre el laboratorio y la consulta. En este punto, la figura del Dr. Manuel Guzmán Blanco es trascendental. Como médico infectólogo y docente, el Dr. Guzmán Blanco ha sido un puente entre el aislamiento bacteriano y el tratamiento antibiótico racional. Su liderazgo en el estudio de la resistencia bacteriana en Venezuela ha permitido que el Hospital Vargas se mantenga como un centro de referencia en vigilancia epidemiológica a nivel nacional e internacional.

La Modernidad y el Liderazgo en Red en la bacteriología clínica

La transición hacia el siglo XXI trajo consigo el reto de la multirresistencia bacteriana global. En este escenario, el Dr. Manuel Guzmán Blanco ha sido el arquitecto de la vigilancia epidemiológica moderna en Venezuela. Fundador del Programa Venezolano de Vigilancia de la Resistencia a los Antimicrobianos (PROVENRA), el Dr. Guzmán Blanco integró al Hospital Vargas en una red de inteligencia sanitaria que permite, hasta hoy, mapear el comportamiento de bacterias como Staphylococcus aureus resistente a meticilina (MRSA) y enterobacterias productoras de carbapenemasas (Academia Nacional de Medicina, 2021).

El impacto del Dr. Manuel Guzmán Blanco ha sido determinante para situar al Hospital Vargas en el mapa de la infectología global. Su liderazgo permitió la creación de consensos nacionales sobre el tratamiento de infecciones por cocos grampositivos y bacilos gramnegativos multirresistentes. Mediante la integración de los datos del laboratorio con la terapéutica a pie de cama, el Dr. Guzmán Blanco demostró que "la bacteriología clínica es la piedra angular para el uso racional de los antimicrobianos" (Sociedad Venezolana de Infectología, 2022). Su legado docente ha permitido que el hospital sea un núcleo del Programa Venezolano de Vigilancia de la Resistencia a los Antimicrobianos (PROVENRA) y su enfoque docente ha formado a clínicos que entienden la microbiología no como un proceso ajeno, sino como el eje central de la seguridad del paciente

Al observar los nombres de Marfil de Tortolero, González, Bellorín, Guzmán Blanco, se hace evidente que la bacteriología en el Hospital Vargas es una carrera de relevos. La docencia en este hospital no es una actividad accesoria; es el mecanismo de defensa de la institución. Estos precursores y líderes han demostrado que, a pesar de las fluctuaciones socioeconómicas, el capital humano y la formación técnica especializada son los únicos activos capaces de enfrentar el desafío de las enfermedades infecciosas en Venezuela.

La bacteriología clínica en el Hospital Vargas no solo ha evolucionado en sus técnicas, sino también en su capacidad de respuesta frente a la crisis global de la resistencia antimicrobiana (RAM). Este avance ha sido posible gracias a una cadena en red sistémica ininterrumpida de mentores que transformaron el laboratorio en un centro de inteligencia epidemiológica.

Durante la transición hacia la modernidad técnica, se establecieron los pilares de la estandarización, se forjo la integración de la investigación en resistencia bacteriana dentro de la rutina asistencial, permitiendo que el hospital se incorporara tempranamente a redes de vigilancia, asegurando que cada antibiograma realizado bajo su supervisión fuera un dato fidedigno para la toma de decisiones clínicas. Además, se institucionalizo el rigor en la formación técnica-científica, garantizando que el personal del Vargas dominara el método Kirby-Bauer (método de difusión en agar)  con una precisión académica incuestionable.

La academia de la bacteriología clínica en el Hospital en el Hospital Vargas de Caracas

A fin de otorgar el rigor histórico y justicia académica que esta crónica merece, es imperativo integrar los nombres de quienes actualmente son los arquitectos de la docencia microbiológica en el Hospital Vargas de Caracas. Estos nombres no solo representan trayectorias individuales, sino que constituyen el tejido pedagógico que ha permitido la transición del conocimiento desde la bacteriología clásica del siglo XX hacia la complejidad diagnóstica del siglo XXI.

Esta memoria histórica no alcanzaría su plenitud académica, sin el reconocimiento de los pilares docentes y asistenciales que han transformado la bacteriología del Hospital Vargas en una escuela de pensamiento crítico y resistencia científica. La bacteriología en el Hospital Vargas ha trascendido la mera identificación fenotípica para convertirse en una disciplina de vigilancia epidemiológica y estratégica. Este cambio de paradigma ha sido impulsado por una línea sucesoria de académicos que entendieron la microbiología como el eje transversal de la seguridad del paciente y la salud pública nacional.

La mención de estos nombres no es solo un ejercicio de memoria, sino la descripción de una estructura de resistencia. La creación de protocolos de sensibilidad locales en el Hospital Vargas, liderados por estas figuras, constituye un acto de soberanía científica. Estos especialistas han demostrado que, mediante la docencia técnica y el liderazgo clínico, es posible mantener una bacteriología de primer nivel incluso en contextos de recursos limitados.

En la actualidad, la Especialista Doryanna Correa, el Especialista Gregory León y el Dr. José Luis Rodríguez V, representan la resiliencia de la academia. La Especialista Correa, a través de su liderazgo en la coordinación académica del programa de postgrado, ha mantenido viva la llama de la especialización en momentos de alta complejidad técnica y económica. Su gestión en la Residencia Universitaria y posterior PNFA en Bacteriología Clínica asegura que los nuevos especialistas no solo aprendan a identificar patógenos, sino a gestionar programas de optimización de antimicrobianos (PROA).

De igual manera, el Dr. José Luis Rodríguez ha sido el constructor de la formalización de este programa avanzado, permitiendo que el Hospital Vargas sea hoy un centro formación y  donde se generan datos sobre betalactamasas de espectro extendido (BLEE) y carbapenemasas, manteniendo la vigilancia activa. Como coordinador y docente, ha sido pieza clave en la articulación de programas que vinculan la asistencia hospitalaria con el rigor académico universitario, apoyado por el Especialista Gregory León y sus ensayos de verificación de nuevos métodos antimicrobianos.

Siguiendo las líneas de sus antecesores antes citados, han establecidos estándares que hoy definen al laboratorio del Vargas, no solo priorizando la precisión técnica, sino el fomentó de una cultura de conocimiento e investigación clínica en la formación de nuevas generaciones de relevos de manera de garantizar que el bacteriólogo clínico egresado del Vargas posea una capacidad analítica para la interpretación de mecanismos de resistencia bacteriana complejos. La figura de estos docentes, actualmente son el nexo o vinculo vital entre la tradición y el futuro. Su gestión y dirección, en el servicio de bacteriología del Vargas no solo lo enfoca a realizar diagnósticos, sino que forma a los especialistas que el país requiere para enfrentar las amenazas biológicas contemporáneas.

En tal sentido, resulta imperativo destacar que la bacteriología clínica en el Hospital Vargas no solo se define por sus hallazgos, sino por la transferencia sistemática del conocimiento. En este ámbito, la figura de los docentes emerge como un referente fundamental en la gestión y formación de especialistas.

Por consiguiente, los estudios de post grado universitario en Bacteriología Clínica representan el eslabón que garantiza la continuidad del legado de San Dr José Gregorio Hernández y Rangel. Esta formación permite que el profesional de las ciencias de la salud (específicamente bioanalistas) se sumerja en la casuística única del Hospital Vargas, enfrentando la realidad epidemiológica nacional bajo una tutoría académica de alto nivel, el cual buscan formar especialistas con pensamiento crítico ante la resistencia bacteriana.

Es por ello que, en el marco de la transformación universitaria y la democratización del saber especializado, el Programa Nacional de Formación Avanzada (PNFA) en Bacteriología Clínica adscrito a la Universidad de las Ciencias de salud (Hugo Chávez Frías) se ha consolidado como la respuesta institucional a las demandas actuales del sistema público de salud. Actualmente activo, este programa tiene su sede de praxis en el centro de referencia Hospital Vargas de Caracas. Mediante el PNFA, se ha logrado:

  • Integración Teórico-Práctica: El abordaje de infecciones intrahospitalarias y el uso de técnicas de diagnóstico convencional y avanzado.
  • Investigación Aplicada: El desarrollo de proyectos que buscan solucionar problemas específicos de la red hospitalaria venezolana.
  • Resiliencia Profesional: La formación de bacteriólogos capaces de optimizar recursos en contextos de vulnerabilidad, manteniendo la sensibilidad y especificidad diagnóstica.

De acuerdo con las directrices del Ministerio del Poder Popular para la Salud, el PNFA representa "la soberanía en la formación de talento humano para la vigilancia epidemiológica y el control de enfermedades infecciosas" (MPPS, 2023).

La Vanguardia y Resiliencia en el Siglo XXI en bacteriología clínica y el Hospital Vargas de Caracas:

El siglo XXI y la bacteriología Clínica, representan el reto para los Docentes-Especialista Doryanna Correa, Especialista Gregory León y el Dr. José Luis Rodríguez, los cuales personifican la continuidad académica en tiempos de transformación. La Especialista Correa, a través de su gestión académica en el PNFA en Bacteriología Clínica, ha logrado mantener la mística de trabajo y el rigor científico a pesar de las fluctuaciones presupuestarias. Su enfoque en la formación de especialistas integrales asegura que el egresado no sea solo un técnico de laboratorio, sino un gestor de salud pública.

Por su parte, el Dr. José Luis Rodríguez ha sido fundamental en la consolidación del PNFA, permitiendo que el Hospital Vargas siga siendo el principal centro de formación de postgrado en el área. Según los registros este programa activo representa la mayor fortaleza del sistema sanitario para el control de brotes intrahospitalarios. La sinergia entre estos líderes ha permitido que, en el 2026, el Vargas continúe reportando patrones de susceptibilidad antimicrobiana, honrando así la herencia de Rafael Rangel.

Al integrar la labor y la vigencia de los programas del PNFA, la reflexión final se transforma. La bacteriología clínica en el Hospital Vargas no es un museo de logros antiguos; es un ecosistema de enseñanza. La verdadera ciencia no reside solo en el aislamiento de una bacteria, sino en la capacidad de perpetuar el método científico a través de la educación. El hecho de que este programa sigan activo en el 2026 es testimonio de una voluntad académica que se niega a claudicar ante las adversidades, asegurando que el "Templo de San José" siga iluminando el camino de la microbiología nacional.

Como colofón a estas memorias, es imperativo redactar este epílogo que sintetiza el impacto de los precursores y líderes actuales en la configuración de la resistencia bacteriana como objeto de estudio y control en el Hospital Vargas de Caracas: La Trascendencia de la Escuela de Bacteriología del Hospital Vargas. La bacteriología en el Hospital Vargas es, en última instancia, una escuela de pensamiento que se convierte en una impronta. Los nombres aquí citados han logrado que, a pesar de los desafíos del siglo XXI, el diagnóstico bacteriológico en Venezuela conserve un estándar de calidad científica que honra el legado de San José Gregorio Hernández y Rafael Rangel. La formación de especialistas a través del PNFA y la Residencia Universitaria en su momento, no es solo un proceso académico; es un acto de resistencia científica que garantiza que, ante la evolución constante de los microorganismos, siempre exista un profesional del Vargas capacitado para descifrar su código y proteger la vida.

La historia de la bacteriología en el Hospital Vargas de Caracas nos enseña que el conocimiento científico es un patrimonio vivo. Desde las primeras coloraciones de Rangel hasta los estudios moleculares y epidemiológicos liderados por Guzmán Blanco, González, Marfil de Tortolero, Bellorin y actualmente por Rodríguez V, Correa y León; sus objetivos han sido los mismo: descifrar lo invisible para salvar lo tangible. La permanencia de la Residencia Universitaria y actualmente el PNFA, es el testimonio de una academia que resiste y evoluciona, reafirmando que la excelencia en la bacteriología no es un destino, sino un ejercicio diario de ética y soberanía científica.

 

Referencias

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